Hamburguesas para una fiesta infantil

Cuando de fiestas infantiles se trata, uno de los principales retos que tenemos las mamás es poder ofrecer un menú atractivo para los niños y para muchas de nosotras, también buscamos que sea algo nutritivo.

Recordemos que lamentablemente en una fiesta, ante la algarabía y la mesa de dulces, los niños no comen igual y buscan solo aquello que satisfaga su paladar, como lo es el azúcar, por lo que la comida lo dejan a un lado.

Así que pensar en una barra de ensaladas o de fruta en general no resulta muy atractivo para sus ojos, por lo que en la mayoría de los casos será todo un fracaso, aun cuando para las mamás sea lo ideal.

Por lo que el compensar y balancear el gusto de los niños con algo nutritivo, ese es el reto.

Una de las comidas favoritas de los pequeños resultan ser las hamburguesas, las cuales son consideradas como comida rápida o chatarra.

Y pensando en las hamburguesas de las grandes cadenas, podemos decir que efectivamente sí lo son, ya que sus ingredientes no son de lo más naturales, contienen un alto grado de grasa y azúcares, además de contener glutamato monosódico (MSG).

El glutamato monosódico es una sal concentrada que al ser añadida en los alimentos mejora y potencia su sabor y al parecer ésta es la sustancia que hace que este tipo de alimentos sea adictivo.

En fin, la cuestión es que, como madres, podemos salvar muy bien esta situación ofreciendo hamburguesas mucho más sanas y naturales, manteniendo el control de los ingredientes.

Algunas sugerencias para hacer hamburguesas sanas, nutritivas y que además sean adictivas sin contener el MSG, es:

Preparar la carne: para comenzar, asegúrate de que la carne se encuentre fresca. Puedes pensar en sazonarla con unos toques de salsa inglesa, jugo Maggi, o pimienta. El toque mágico se lo daremos al mezclar la carne con trocitos muy pequeños de champiñones o aceitunas.

El dejar reposar la carne ya mezclada hará que se absorban los condimentos y así obtener un mejor sabor.

La preparación: para los niños les resulta muy atractivo ver algún tipo de espectáculo mientras esperan su comida y qué mejor que ver una carne asándose a la parrilla.

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Aquí el secreto consiste en permitir que la carne logre una buena cocción sin que se queme ni quede cruda. Para ello, el hacer la carne de la hamburguesa de un tamaño pequeño ayudará a que se cocine bien y más rápido, además de que evitas el desperdicio por parte de los peques.

Un par de tips importantes en esta parte de la cocción es el evitar voltear la carne varias veces y evitar el apachurrarla, ya que al hacerlo provoca que los jugos se salgan y la carne quede seca y dura.

Una vez lista la carne, pasamos ahora al tema del “armado” y preparación, aquí es donde nuevamente podemos influir en ello al tener lista lechuga previamente lavada y desinfectada, tomate, cebolla y aguacate en rodajas.

Para los paladares más experimentados, puedes ofrecer pepinillos, chiles jalapeños asados o en vinagre.

Ingredientes como la mayonesa, mostaza, salsa catsup y salsa BBQ no pueden faltar, pero sí podemos ayudar a los niños para que no las usen en exceso.

Generalmente una hamburguesa se acompaña con papas fritas, un tipo para reducir el impacto de la grasa es ofrecer papas asadas al carbón.

Y como bebidas, en lugar de ofrecer juguitos comerciales o refrescos, mejor ofrece aguas frescas.

La cuestión es que sin perder el impacto de una fiesta infantil, puedas ofrecer una rica comida más nutritiva y natural.

Ahora que si deseas ofrecer hamburguesas pero no estar lidiando con toda su preparación, entonces te sugiero contratar un servicio de hamburguesas para eventos en el D.F., en donde existen opciones que te ofrecen una propuesta mucho más sana que las cadenas comerciales.

Busca un deporte que te defina y apoya a tus hijos en tu camino

Toda mi vida he sido un gran fanático de los deportes. Desde pequeño mostré este interés y practiqué fútbol, béisbol, basquetbol, voleibol que como verás son deportes de equipo, sin embargo, el deporte que me atrapó en mis años como adolescente fue el tae kwon do.

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Este es un deporte que me llevó a trabajar conmigo mismo y gracias a lo aprendido en todos mis años de trabajo en equipo, supe aportar a mi dojo un espíritu de colaboración.

Han pasado los años y aún sigo practicando esta disciplina, compaginando mi trabajo y mi familia.

Como ves, por el hecho de ser una persona dinámica, una de mis mayores ilusiones era que mis hijos también lo fueran.

Si bien es importante introducirlos a un mundo en movimiento, nunca he sido partidario de forzar a un niño a que siga “tus huellas”. Lo que hicieron mis padres al darme la oportunidad de conocer diversos deportes fue lo que me ayudó a encontrar “mi deporte”.

Y esto es justo lo que quiero hacer con mis pequeños.

También tengo la mente abierta para aceptar si alguno de ellos decide no incursionar en el deporte, más allá de una actividad lúdica. No todos estamos hechos ni tenemos los mismos gustos, así que, desde mi punto de vista, el respeto y orientación es lo que me toca hacer como padre.

En cuanto mis hijos mostraron interés en los deportes, me entusiasmó la idea y comenzamos con el camino del “descubrimiento” y mi enfoque en estos momentos es que disfruten su propio camino.

Tengo en cuenta que son niños y los dejo ser niños.

Pues bien, después de un tiempo ambos han pasado por el fútbol y basquetbol, si bien se divierten y conocen otros niños, resulta que ninguna de las dos opciones es “su deporte”.

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Ahora estamos en la fase del descubrimiento de un deporte individual, tal como me pasó a mí. Al más pequeño le llamó la atención el tenis, mientras que el mayor ha demostrado interés en el golf.

Ambos deportes requieren de asistir a instalaciones especiales, por lo que para sacar el mejor provecho y que se practique como deporte, lo ideal es que accedan a tomar tanto clases de tenis como clases de golf, respectivamente.

Como ambos deportes son para mi ajenos, es decir, los veo por televisión y ocasionalmente he asistido a un partido, no son deportes que yo haya practicado, así que no soy el más diestro para aconsejarlos, considero que las clases son lo mejor, tanto para ellos como para mi tranquilidad.

Platicando con algunos tenistas y golfistas, me han compartido que es lo mejor para los chicos.

Para los tenistas, el tomar clases es para el gremio de lo más normal, sin embargo no todos los golfistas coinciden en que tomar clases sea “necesario”.

tenis

Sin embargo, he notado en mi hijo mayor un gran interés y dedicación por aprender a manejar y mejorar su swing.

Tanto así que él mismo ha estado buscando la forma de hacerse de su propio equipo y poniendo mucha atención a sus lecciones.

El jugar ha representado para él un gran encuentro consigo mismo y su entorno, manejar su frustración y su potencial, justo lo que yo percibí cuando comencé mi camino en el tae kwon do.

En cuanto a mi hijo menor, el tenis le ha resultado grandioso, porque saca toda su energía y lo hace altamente competitivo.

En fin, las cosas siguen su curso y si estos son los deportes que los definen, entonces… bienvenidos.

Una obra de teatro escolar tras bambalinas

Entre las múltiples actividades que se presentan durante el fin de año en un país como México es el tener fiestas como las posadas, reuniones con amigos que no ves en años o con familiares que por alguna extraña razón ahora pudieron coincidir.

Las fiestas de trabajo, escuela, hasta reuniones especiales con las madres de los compañeros de tus hijos son más reuniones que se unen a la lista.

Todo es un buen pretexto para reunirse, ya que ese espíritu del dar y recibir, el agradecer a los que nos rodean, se pone a flor de piel.

Otra de las actividades que se realizan son obras de teatro, ya sean pastorelas o alusivas a la navidad.

En la escuela de mis hijos, se ha vuelto una tradición que cada año se realiza una obra grande, donde todos los alumnos participan: como actores, cantantes, bailarines, acróbatas, como staff; pasando por las facetas de escritores, coreógrafos y escenógrafos.

Esta actividad hace mucho revuelo entre los maestros y alumnos, porque ponen a todos a trabajar en áreas que por lo general no están muy acostumbrados los niños e incluso los padres.

Desde el estructurar el guión de la obra, concebir la escenografía, concebir los números, el vestuario y el tipo de participación de cada grado escolar, más todo el juego de luces, junto con el apoyo de los chicos del staff, sí que resulta un gran reto.

Es una tarea ardua que involucra a todos y nos hace sacar ciertas habilidades.

Como por ejemplo, los niños deben atender a un baile y saber cuándo entran a escena, mantenerse calmados durante la función y soportar el vestuario.

Los maestros entran en una dinámica de mucho movimiento ya que deben compaginar sus clases junto con el montaje de una coreografía y estar al pendiente del vestuario.

Las autoridades tienen que coordinar a todos, lo cual para algunos resulta un tanto estresante porque los tiempos  son muy cortos.

Aquellos que se encargan de la escenografía hacen uso de materiales, herramientas y mucho ingenio para que las cosas luzcan bien, soporten el trajín y sean fáciles de mover.

En cuanto a las madres, participamos en la parte del vestuario, elegir las telas para disfraces adecuados, que permitan a los niños moverse bien, lucir adecuadamente y además que no los lastimen, ya que hay niños alérgicos a ciertos materiales.

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Mientras todo esto sucede, a veces me pregunto si todo esto vale la pena, ya que es mucho movimiento, tiempo, esfuerzo y dinero.

Pero cuando vez el producto final, los niños moviéndose en escena, mostrando orgullosos su trabajo, esperando un aplauso y reconocimiento de sus padres… creo que esto lo paga todo.

Además, he notado que mis hijos en particular han desarrollado seguridad para plantarse enfrente de un escenario, la seguridad para opinar sobre el diseño de un vestuario o sobre una coreografía.

Aprenden también a usar herramientas y materiales que en lo cotidiano no tienen acceso.

Y otro punto interesante es que aprenden a trabajar en equipo.

Posiblemente en tu caso pasa algo similar y probablemente en tu colegio existe un director de teatro junto con personal calificado para montar una obra.

Solo que al ver la evolución de un niño al ser parte activa de un evento de este estilo, se sienten parte de él y aprenden mucho más que solo salir a bailar un número.

Al menos como madre, esto es lo que he apreciado en las obras de teatro escolar tras bambalinas.

¿Estás por hacer una fiesta infantil? Aquí un par de ideas

Estás próximo a realizar un evento especial para tus pequeños y de seguro buscas dar algo diferente y novedoso en la fiesta.

Bueno, pensemos que ya por sí sola, una fiesta infantil es todo un acontecimiento, donde los regalos y los dulces son los más solicitados por los infantes.

Si eres mamá como yo, llegamos a pasarla un poco mal por la cantidad de azúcar que llegan a consumir los niños en una reunión de este estilo.

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Ya sea por los diversos dulces, los bocadillos que se preparan, el pastel y las bebidas.

Mi esposo me dice que me relaje, en casa está muy medido todo tipo de dulce y la cantidad consumida al día.

No es que les cuente las calorías o los números de dulces, sencillamente es que lo consuman moderadamente.

Así que cuando vamos a una fiesta infantil, paso “las de Caín”, pensando en todo lo que van a comer, en fin.

Regresando a la fiesta, es normal que esto suceda, entre dulces, bocadillos, pastelillos y bebidas es como van y vienen los pequeños a las diferentes mesas donde se suelen colocar estos deliciosos bocadillos.

Debo confesar que me gana la tentación y también me doy cierta holgura al consumir uno que otro dulce.

Sin embargo, hace poco fuimos a una fiesta donde la mamá se lució con todos los detalles para la fiesta de su único hijo, ya que aprovecharon también para reconocer su buen aprovechamiento escolar.

Pues bien, en esta fiesta había diversas fuentes de frutas, las cuales las podías bañar con chocolate o chamoy, según la fruta y el gusto del comensal.

También había verduras picadas, que se podían acompañar con diversas salsas picantes de chabacano y fresa.

En cuanto a los dulces, colocaron una pesa donde los dulces regionales mexicanos fueron la estrella.

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La anfitriona buscó aquellos dulces típicos que más les agradaban a los chicos de hoy, por lo que el mazapán, los tamarindos, las alegrías, las cocadas y palanquetas fueron las más cotizadas por los muchachos.

La teoría de nuestra anfitriona fue que si van a comer dulces, al menos que contengan “algo natural”, que bien lo ofrecen estos típicos dulces.

Pero la sensación de la fiesta fue la barra de helados, donde los chicos podían disfrutar de un helado acompañado de diversos toppings.

Lo bueno de este tipo de helado es que era de yogurt, por lo que al menos cambia la sensación de que es menos dulce que de “máquinas”.

En cuanto a la comida, la anfitriona también se lució, ofreciendo diversos canapés en forma de pulpos, osos, perritos, gatitos y además estaban deliciosos.

Creo que el mayor de los secretos para combinar una fiesta infantil y que ésta sea “dulce y divertida”, es lograr que la diversión y la nutrición sean compatibles con el paladar y el gusto de los niños.

Actividad correcta para la edad correcta

Hoy es mi quinto día de hospedaje en uno de los hoteles en Puerto Vallarta que lo ofrecen todo, hasta resguardar la seguridad de los adolescentes y los jóvenes, quienes quieren comportarse como adultos.

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La segunda noche de mi estancia aquí en el hotel, mientras me cenaba una de las langostas más grandes que he visto en mi vida, llegó al restaurante un grupo de adolescentes menores de edad, todos con un cigarro en la boca.

Al llegar le pidieron el encendedor a uno de los camareros de una forma muy arrogante, como si fueran los grandes conocedores de tabaco, mientras algunos de ellos todavía contaban con cachetes de niño y otros tenían algunos bellos en la cara que confundían con barba de pirata.

Al terminarse el cigarro volvieron a prender otro inmediatamente, uno de ellos llegaba al extremo de fumar dos a la vez.

Al pasar una media hora, pidieron al mesero que les trajera unos charros negros y dos cubas, a lo que el camarero se rehusó.

Los adolescentes pidieron a otro, esta vez tratando de sobornarlo; sin embargo, éste se negó, por lo que se comenzaron a poner violentos, a tal grado que tuvieron que hablarle a seguridad y a sus padres, quienes bajaron con la furia de un huracán (que por cierto, me parece que uno se aproxima) y se los llevaron a la habitación, de la que no pudieron salir en dos o tres días.

Los muchachitos han de haber tenido unos 14 o 15 años, una edad donde tanto ellos como nosotros cuando teníamos la misma, juramos que ya somos adultos.

Esa edad es muy difícil, ya que son niños con apetitos de hombre, algo que puede llegar a ser muy frustrante.

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Dicha frustración impulsa al adolescente a tratar de mostrar con necedad el hecho de que ya no es un niño y hará todo para demostrarlo, incluso hasta caer en la drogadicción.

Es por eso que así como no debemos darles toda la libertad que ellos quieren, no debemos tampoco tratarles como niños, ya que no lo son.

En lo personal siento que a los muchachos se les debería dejar tomar alcohol desde los 16 años, para así calmar sus ansias y apetito de aventura.

Los 18 años, como lo es en México y en la mayoría del mundo, se me hace una edad prudente para comenzar a tomar alcohol; sin embargo, es un poco tardada pero muy tolerable.

No obstante, en Estados Unidos por ejemplo, me parece una ridícula exageración de índoles mayores el poder comenzar a beber hasta la edad de 21 años.

Me parece que es por esta razón que los jóvenes en ese país hacen consumen droga como agua y cuando cumplen la mayoría de edad o cuando vienen a México no se saben comportar y parecen gorilas mal formados.

Por eso recomiendo a todos ustedes, padres y madres de jóvenes adolescentes, que traten a sus hijos de acuerdo a su edad.

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Precaución, niños jugando

Cuando veo este tipo de anuncios en parques y zonas residenciales, siempre me pregunto si la advertencia es para que adultos pongan atención y cuiden de los niños, o más bien, para que se cuiden de ellos y de sus juegos.

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Como mamá de dos niños en edad escolar, puedo decir que ambas posibilidades tienen sentido. Cuando los pequeños descansan, se divierten y juegan, construyen un mundo aparte. Se concentran con tal intensidad en el juego y sus reglas, que apenas se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor. De ahí que sea fundamental prestarles atención, cuidarlos y en muchos momentos, también cuidarse.

Las vacaciones, en las que ahora nos hallamos plenamente instalados, son un periodo en el que los momentos de juego se intensifican. Libres de los compromisos escolares, los niños quieren dedicarse a sus actividades favoritas y, por fortuna, el juego sigue siendo una de ellas. Hay otros deleites infantiles que los padres no vemos con tan buenos ojos, como la televisión, los videojuegos y últimamente internet. No obstante, con las debidas precauciones y el establecimiento de reglas, podemos permitir que los niños las disfruten e incluso acompañarlos mientras lo hacen.

Muchos padres de familia buscan cursos de verano para mantener a sus hijos ocupados y activos durante las vacaciones. De esta forma también logran apartarlos de los excesos con la televisión o la computadora. Aunque puede ser una excelente solución, sobre todo para los padres que trabajan, yo soy más partidaria de conceder a los niños cierta libertad, para que poco a poco aprendan cómo administrar su tiempo libre.

No quiero decir que simplemente se les deje todo el día en casa, para ver qué se les ocurre. Me refiero a tratar de conocer sus gustos, preferencias y talentos, para proponerles actividades que los diviertan, entretengan y les enseñen algo interesante (sin que se sientan como en un día de escuela).

A continuación les presento algunas de las actividades que más disfruto con mis hijos en las vacaciones. Las claves son darles opciones y variar lo que se hace cada día, para que no sientan que vuelven a insertarse en una rutina y empiecen a decidir cómo organizar su tiempo.

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Esta opción se da en la mayoría de los cursos de verano, pero también la pueden organizar en casa, con las ventajas de ahorrar y concentrarse en lo que a los pequeños realmente les gusta. Pueden conseguir sillas y mesas plegables, de colores y formas divertidos, y colocarlas en el jardín o en un lugar agradable de la casa; de esta forma crearán un área especial, que dará la sensación de un cambio en la rutina. Siempre que sea posible, ocupen materiales reciclados; así los niños adquirirán el necesario hábito de reutilizar todo lo que se pueda. Y para decidir qué hacer, averigüen los intereses y gustos de sus pequeños. ¿Son fanáticos de algún súper héroe o personaje de caricaturas? Anímenlos a hacer una máscara o un disfraz. Si les gustan los animales, pueden confeccionarlos con cartulinas, foam o fieltro.

Sesiones de ejercicio

No hace falta inscribir a los niños en un deportivo para mantenerlos activos y en forma. Pueden organizar sesiones de ejercicio para practicar en casa, si hay espacio, o en un parque cercano. Saltar la cuerda, patinar, andar en bici o pasear a la mascota; cualquier actividad que los ponga en movimiento es buena.

Tardes de lectura

La llamo así porque mis hijos están acostumbrados a que leamos juntos por las tardes. Pero, de nueva cuenta, cualquier momento es bueno para inculcarles este maravilloso hábito. A los más pequeños se les puede guiar con la lectura, mientras que a los mayores, se les puede invitar a compartir sus pasajes favoritos de lo que estén leyendo.

Cineclub

Debemos admitir que hay excelentes películas para niños, que toda la familia puede disfrutar. Una vez por semana pueden organizar una sesión de cineclub con los pequeños, en la que toda la familia vea una película y después comenten lo que más les gustó.

Prácticas básicas para viajar con niños

Muchas parejas creen que la llegada de los hijos significa un adiós, o por lo menos un largo “hasta luego”, a muchas de las actividades que disfrutaban juntos. Se acabaron las salidas a cenar, al teatro o al cine; las reuniones en casa con los amigos y, por supuesto, los viajes románticos.

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Lo que realmente sucede es que la mayoría de esas actividades no se abandonan por completo, aunque sí es necesario hacer algunos ajustes. Por algún tiempo dejarán de ir a la Muestra Internacional de Cine, para convertirse en expertos en la cartelera infantil; las reuniones de adultos darán paso a las fiestas de cumpleaños y los viajes, que antes eran escapadas para estar los dos solos, ahora serán viajes familiares.

Pero no hay por qué asustarse. Verán que con un poco de organización y algo más de paciencia, todas esas experiencias pueden ser muy agradables y apuesto que las extrañarán cuando los niños crezcan.

En lo referente a los viajes, deben considerar que al salir con niños es necesario ser más precisos en la planeación de ciertos aspectos. Una pareja de adultos puede aventurarse a tomar el primer autobús que salga de la terminal y dejarse llevar a donde el azar quiera; todo sea por vivir la aventura. Pero cuando la salida es con niños, especialmente si son muy pequeños, hay que asegurar cuestiones como el destino, el traslado y el hospedaje, y tomar mayores previsiones respecto al clima, las actividades que se llevarán a cabo y los cuidados sanitarios (vacunas, por ejemplo) que se requieran.

Con base en las experiencias de clientes, lectores y amigos, y sobre todo a partir de las propias vivencias, les preparé los siguientes consejos para que los viajes con sus hijos resulten experiencias memorables.

  1. Comiencen con pequeños viajes a otras ciudades del país

El primer viaje suele ser una experiencia muy emocionante para los pequeños, pero también puede resultar un tanto cansada e incluso intimidante. Quizás un viaje a Europa, con más de 12 horas de vuelo de por medio, no sea la mejor opción para la primera vez que subirán a un avión con sus hijos. Puede que se sientan incómodos y ansiosos, y será más difícil tranquilizarlos por tanto tiempo.

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Lo mejor es comenzar con un viaje de no muy larga duración, tanto en lo que se refiere al tiempo de traslado, como a la estancia. México tiene muchos destinos ideales para viajar en familia y por lo general no están a más de dos o tres horas de vuelo. Además, el viaje será una gran oportunidad para que los niños conozcan y aprecien su país.

  1. Prefieran los paquetes “Todo incluido”

A los niños no podemos pedirles que desayunen cualquier cosa con tal de salir temprano a una excursión, o que duerman en autobuses para poder viajar a varias ciudades y de paso ahorrar en hospedaje. Ellos necesitan comer y descansar bien, y a sus horas, especialmente si son muy pequeños y se trata de la primera salida.

Con un paquete “Todo incluido” tendrán garantizadas todas las comodidades y los servicios básicos, además de que no gastarán a cada momento en bocadillos, porque las comidas son parte de la oferta. Ciertas aerolíneas de bajo costo les permiten armar sus propios paquetes, como las promociones de Vuelo+Hotel de los vuelos Volaris.

  1. Hagan planes flexibles y consideren alternativas

Es importante informarse muy bien de las condiciones del destino antes de hacer un viaje con niños: ¿qué se puede hacer?, ¿cómo es el clima y cuál es el pronóstico del tiempo para las fechas elegidas?, ¿qué atracciones familiares hay?, ¿existen riesgos potenciales para la seguridad o la salud?

Con base en la información que obtengan para responder a esas preguntas, elaboren la agenda de sus vacaciones. Permítanse un poco de flexibilidad, para cambiar una visita por algo más atractivo que encuentren al llegar. Y tengan al menos dos alternativas de actividades al día, por si no es posible seguir uno de los planes.

La información respecto al clima y el ambiente les permitirá empacar lo necesario, sin exagerar.

  1. Lleven un botiquín de viaje

De hecho, esto es recomendable para cualquier salida, ya sea que vayan niños o no. Tampoco es necesario llevar una farmacia a cuestas; algunos elementos básicos son analgésicos, tabletas para el dolor de estómago y el mareo, gel desinfectante y bandidas adhesivas (“curitas”).

Con base en las condiciones sanitarias y climáticas del lugar, pueden añadir otras cosas. En las zonas húmedas y calurosas, conviene llevar un repelente de mosquitos. Si el lugar es frío o hay cambios drásticos de temperatura, unos antihistamínicos no estarán de más. Averigüen también los números telefónicos y la ubicación de los servicios médicos de emergencia en el lugar a donde van, para que puedan acudir a ellos en caso de imprevistos.

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  1. Lleven consigo la documentación de los pequeños e identifíquenlos

En caso de viajes al extranjero, lo mejor es que sean los padres quienes guarden los pasaportes e identificaciones de los niños. Si ya son mayores y se les quiere inculcar esta responsabilidad, cómprenles un porta-pasaporte de los que se cuelgan al cuello, para que siempre lleven sus documentos consigo. Recuerden que si los menores de edad viajan sólo con uno de los padres, debe haber un permiso firmado por el que no saldrá del país.

En cualquier viaje, sea nacional o internacional, es recomendable que los niños lleven alguna identificación. Puede ser una pulsera, un dije o un gafete con el nombre del menor y los datos esenciales para contactar a los padres. Procuren que los niños mayores aprendan datos como el nombre del hotel en que se hospedan, el número de celular de uno de los padres y el número de un familiar en casa. Organícense también para elegir un punto de reunión en el que puedan esperar a sus padres si se pierden.

Las etapas gastronómicas de la vida

Con la dinámica que tenemos en las grandes ciudades, por lo general uno busca lugares en donde comer sin enfermarse, que se ajuste a nuestro presupuesto y sobre todo, que tenga suficiente variedad para no aburrirse.

comida en casaRecuerdo que cuando comenzaba a trabajar, hace ya algunos años, me daba tiempo de ir a comer a mi casa y tenía tiempo hasta de una siesta de 15 minutos para regresar a trabajar un rato más.

Y como es costumbre en los humanos, sólo buscamos lo que no tenemos.

Cuando iba a comer a mi casa, se me antojaba ir a comer con los amigos y por el contrario, cuando ya no podía ir a comer a casa, pues se me antojaba poder estar ahí.

Después, ya con familia llegaba el fin de semana y ¿a dónde salimos a comer para no cocinar? Esa era la pregunta que más temía cada fin de semana, pues se antoja comer algo casero de vez en cuando.

En fin, que uno acaba comiendo en la calle tarde o temprano.

Las comida en la calle tienen sus etapas, pues depende en qué calidad sale uno. Me explico con mi propia historia.

Cuando comenzaba a tener dinero para salir con los amigos a comer, éramos clientes de las hamburguesas o tacos, que por lo general era en locales que abrían un poco tarde.

cafesPosteriormente, comenzaba uno con la novia ya más formal, por decirlo de alguna manera, y comenzaba uno a incursionar en los restaurantes que eran más “finitos”, aunque en esa época no sabía uno lo que decía.

Eran por lo general lugares en donde se servía café, té de algunas mezclas exóticas, pastelillos sabrosos o de moda. Aún en esta época no frecuentaba los restaurantes realmente.

Ya trabajando y antes de casarme, comencé a conocer la gastronomía en serio gracias a don Pedro, que era un compañero de trabajo con mucho más kilometraje que los demás y conocía una cantidad impresionante de lugares.

Ahí conocí restaurantes de algunas especialidades, no de los grandes y lujosos, sino de los que tenían platillos que eran particularmente sabrosos.

Recorrí desde las botanas de algunas cantinas, que eran auténticas comidas completas por el precio de un par de cervezas, hasta lugares en donde se comía paella deliciosa, cabrito, birria, tacos o tortas de las que son difíciles de encontrar.

Cuando comienza uno el camino de los casaderos, comienza uno a frecuentar algunos restaurantes por recomendación, en donde el ambiente ya es más romántico y se puede estar a gusto platicando largamente.

Después viene una etapa de comidas caseras, debido a que uno se casa y experimenta los platillos de él y de ella, además de las invitaciones de otras amistades que también ya están casadas.

Ahora viene la etapa de los bebés y es necesario ir a lugares en donde esté un poco amplio para que pueda estar la sillita o carriola del pequeño, en donde haya cambiadores, sea de no fumar y los demás no se incomoden cuando el bebé llora.restaurantes baby friendly

Por lo general son restaurantes familiares, restaurantes de domingo.

Cuando los bebés comienzan a caminar o ya andan como trompo corriendo por todas partes, pasamos a la sección de los McDonalds o Burger King, en donde se asiste a alguna fiesta o se compra el juguete que viene con la mini hamburguesa, que no se comen los niños, pues mejor se ponen a jugar.

Esta etapa dura varios años, sin embargo, con un poco de habilidad puede uno enderezar el camino y salir decorosamente a alguno de los restaurantes en
Polanco
, sin que haya algún berrinche por parte de los niños.

En esa etapa voy yo. Supongo que el ciclo se repite ahora con los hijos y comenzarán en lo que narré anteriormente. En caso de que descubra otra etapa más, ya les actualizaré la reseña.

Vacaciones con Niños en Latinoamerica

Cuando mis amigas me contaban sobre lo difícil que era viajar con niños no les creía, sentía que solo me querían espantar acerca de tener hijos y los tiempos de descanso. Que equivocada estaba.

Te recomiendo unos destinos que podrás disfrutar con tu familia y descansar sin problemas.

La riviera Maya es uno de los lugares favoritos como recomendación para las personas que viajan con niños, ademas de que las playas son todo un sueño y cuentan con una agua color turquesa, los hoteles suelen tener muchas actividades para los mas jóvenes y personas que se encargan de cuidarlos.
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El Valle Nevado en Chile, esta a menos de 50 km de Santiago, perfecto para vacaciones familiares, puedes aprender a esquiar, hacer snowboard o pasear por el teleférico, un lugar muy seguro para los jóvenes.nevado de chile

La paloma, Uruguay.
Tu prioridad es el descanso y la paloma es un complejo agreste con opciones de playas muy tranquilas por su poco oleaje, un carnaval típico increíble o subir al faro para admirar la vista.faro de uruguay

Ya tienes las opciones, es tu decisión.